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Responsabilidad

senda trillada. Poesía. Ciriaco Yáñez 1986


Mi primer libro de poesias senda trillada

Ciriaco yañez

 

Pago de la almenara

Al final de la vega permanece un racimo, Alonso, el capataz no reprendió a nadie por olvidarlo, simplemente, quedó solo; los largos sarmientos dibujan sombras carmín en el aire. Aun le quedan hojas, cada día lo veo recogerse en sí mismo, y también cada día cuento los granos ¿tendré paciencia? ¿Lograré esperar el momento que ansío? Resultan tentadores con sus reflejos azabache. Ven, acompáñame, juntos andaremos los sotos, las riberas, tal vez mañana sea el momento de apropiarnos de sus pocas gotas de gloria, o quizás, las hallamos compartido con algún cuco. No importa andemos el pago de la almenara.

 

El Albadel Alma:

El albadel alma es momento para sentir  Alonso. Mira, este almendro, del que ahora cosechas, lo plantó el padre con sus manos; recuerdo cuando cogía agua, agua del pozo, fresca, limpia, amable, y la acercaba con sus manos a aquella pequeña almendra, primero envuelta en un paño, luego, al surgir diminutos zarcillos,a latierra, después al despuntar, al jardín ¿Cuántos desvelos, esfuerzo y esperanza se han vertido en una almendra? O enun hijo?

 

El hórreo de los azulones.

Los azulones son pequeños, elegantes, Alonso; pero las gentes del lugar no reparan en su brillante pluma,la graciainnata de su vuelo, ni en su mirada divertida al verse reflejados en la alberca; al caer la tarde se dirigen hacia un montón de destartalada mampostería y se acurrucan dormitando. Los lugareños conocedores de la querencia de los azulones, por el hórreo derruido, los ciegan… la vida en el hórreo de los azulones.

 

Álamos del almirez:

Deseo Alonso, ser aquellos álamos. Algunos ,orgullosos, se yerguen sobreel sotocomo velas, velas que engarzadassobre latierra, conducen sobre cascos de verdes almadías, hacía el ocaso de la tarde, cualquier anhelo, seguros de su fuerza, pero sabedores de que el díatoca asu fin. Otros, marchitos o quebrados, hoy solo tocones, permanecen vinculadosa lavega por el recuerdo de sus grandes días como señores del viento. Viento que corría entre sus hojas, agitaba sus ramas y los mecía en aquella ladera. Aquella que se asemeja a un viejo y usado almirez almirez de barro machacada esperanza.

 

Hojarasca del marjal:

Recuerdas, Alonso, como te intrigaba el oírme hablar con el cómplice susurro de la ventisca sobre la hojarasca del marjal. Recuerdas como deseaba, anhelaba, hacerte comprender que, ella, tenía vida propia, que su misma existencia dependía de mi atención; que su sutil mensaje se filtraba del fondo de mi alma y surgía allí, en aquel soto, al final de la vega, donde la hojarasca se acumula en un tupido montón. Allí donde llega cabalgando sus livianos lomos,  ejecutando briosos molinetes para evaporar la melancolía; melancolía que estas tardes de otoño atenaza a los espíritus tornándolos sombríos, carentes del bello calor de la amistad.

 

Los lagares:

Que alegres sonaban los lagares¡, Alonso, la bodega del marjal. Sobre el trujal todavía no desvencijado, los vendimiadores lavaban los cuévanos; en el fondo, se oía la carencia de sus voces, y el arrullo de la canaleta sobre el pilón, donde todos regresaban para refrescarse. Los golpes de los toneleros, en medio de la picante viruta, me parecen aún hoy música redonda, plena, vital. Sólo nos queda el vino.

 

 

amariamus

Observo el cielo con la mirada dolorida, fija, aterido, en la esperanza de encontrar la luz que ella, seguro, también mira.

Ambos esperamos, pero yo salgo al encuentro de los caminantes, paro en las alquerias, recorro los ribazos, los sotos y las vegas; pregunto en los molinos…Tal vez encuentre un ser al que se le haya insinuado su esencia.

Escucho la cantiga del Viento intentando descubrir su nombre en el rumor de de la hojarasca, en el roce de las piedras sobre la tierra, en el vuelo de las lechuzas. Tal vez susurren un mensaje secreto destinado solo a mi. Ando sin rumbo fijo, atento a las chanzas de las dehesas, a las murmuraciones de los poblados. Tal vez hablen de ti. De tu perfección, pero no, nadie te conoce, tu permaneces a salvo en el serrallo de mi alma, alegre y gentil, tal vez nunca marchitada…tal vez para mi.